miércoles, 21 de marzo de 2012

LOS ORÍGENES DE LA MEDICINA



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LOS ORÍGENES DE LA MEDICINA

Bajo el punto de vista tradicional, el interés por la curación se remonta a la Atlántida, donde ya los iniciados se consagraban a la aplicación de aquellas leyes que permitían aliviar el sufrimiento ajeno. Los sobrevivientes de este continente desaparecido transmitieron su saber a los iniciados que frecuentaban las Escuelas de los Misterios de Egipto. Algunos de estos iniciados se especializaron en este arte y dieron origen a una fraternidad dedicada especialmente a curar a los enfermos. Esta fraternidad estuvo reuniéndose durante mucho tiempo cerca del templo de Heliópolis, y allí era donde llevaba a cabo su obra desinteresada al servicio de los enfermos. De esta fraternidad descienden los Esenios y los Terapeutas, que trabajaron respectivamente en Palestina y en Grecia. Se puede decir que es a ellos a quienes debemos la mayor parte de nuestros conocimientos en esta materia. También los druidas se inspiraron en sus métodos en el arte de curar. Como podrá comprobar, los orígenes de la medicina se remontan a la más remota Antigüedad, dado que las enfermedades existen desde tiempos inmemoriales, lo que ha conducido a los sabios de todos los tiempos a estudiarlas y a generar técnicas y remedios que permitan curarlas y aliviarlas.

Con el transcurso de los siglos, la ciencia ha descubierto y ha conseguido demostrar muchos de los principios curativos que ya eran enseñados por los Maestros de nuestra fraternidad desde hacía largo tiempo, pero que no habían sido aceptados. La luz termina siempre por vencer a las tinieblas, y nos causa gran regocijo comprobar que verdades que antaño habían quedado relegadas a la categoría de supersticiones, en la actualidad son oficialmente reconocidas. Para poner un ejemplo relativamente reciente, mucho antes de que el doctor William Harvey demostrara científicamente que la sangre circula por el cuerpo, este hecho ya era conocido por los ocultistas. En realidad, profundizó en todo lo relacionado con la circulación sanguínea cuando estudió las doctrinas místicas, pudiendo confirmar todo aquello que ya sabía, pero que no había podía demostrar anteriormente. Con el paso del tiempo, las instituciones médicas se volvieron más tolerantes con aquellas opiniones que anteriormente condenaban. Por esta razón, a lo largo de esta obra podrá comprobar que muchos puntos de los temas tratados, son hoy día admitidos por los médicos y utilizados en la práctica diaria. Pero también se dará cuenta de que existen muchas leyes relativas a la salud y a la enfermedad, así como excelentes métodos para aliviar el sufrimiento y curar muchos trastornos, que todavía son absolutamente desconocidos.

No pretendemos minimizar los progresos realizados por la ciencia en lo que se refiere a la salud. No reconocer que sus investigaciones han contribuido a salvar muchas vidas humanas y a aliviar el sufrimiento, equivaldría a demostrar una supina ignorancia y el fanatismo más extremo. Pero lo que si esperamos, es que llegue el día en que la medicina deje de ser víctima de sus conceptos demasiado materialistas y que, en un futuro que nos gustaría que fuera próximo, acepte tener en cuenta lo que los místicos pueden enseñarle sobre el arte de la curación. Se alcanzará este ideal en la investigación médica cuando la ciencia y el misticismo pongan lo mejor que ambos tienen para
preservar el bienestar del cuerpo y hacer de él un instrumento eficaz al servicio del alma.

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