miércoles, 21 de marzo de 2012

LA HIGIENE ALIMENTARIA


LA HIGIENE ALIMENTARIA

Las explicaciones generales que acabamos de dar referidas a la digestión, deben permitirle comprender que para mantener una buena salud, es imprescindible adoptar una buena higiene alimentaria. Al hablar de "higiene alimentaria", nos estamos refiriendo tanto a la calidad de la alimentación, como a la manera de ingerirla y digerirla. La elección de los alimentos es muy importante, ya que para satisfacer correctamente las necesidades químicas del cuerpo, deben contener suficientes prótidos, glúcidos, lípidos, vitaminas y sales minerales. No vamos a aconsejarle ningún régimen alimenticio, ya que existen muchos libros escritos sobre el tema, y es a ustedes quien corresponde, en alma y consciencia, elegir el que más le conviene. La mejor guía es el sentido común y la experiencia. Sin embargo, si podemos afirmar que la alimentación debe ser rica, variada, equilibrada y natural, ya que debe proporcionar al organismo un buen equilibrio entre prótidos, glúcidos, lípidos, elementos minerales y vitaminas. Para un adulto que pese unos 70 Kg. y ejerza un trabajo físico o mental medio, la alimentación debe aportarle del orden de 2.400 calorías diarias. A pesar de lo que se cree, un régimen vegetariano también puede proporcionar este aporte energético, siempre que contenga cantidad suficiente de prótidos de origen animal leche, huevos y pescado).


A propósito de la higiene alimentaria, es también importante que comprenda que cuando no se obtiene ningún placer en la alimentación que se ingiere, estamos condicionando al organismo a una mala digestión, puesto que la saliva y los diferentes jugos digestivos, son segregados por una acción refleja que es inducida por el sistema nervioso autónomo. Esta acción está relacionada con los estímulos producidos a la vista de los alimentos, su olor, su sabor y el placer que obtenemos al ingerirlos. Comer sin apetito, por la fuerza o por hábito, es perjudicial para el aparato digestivo, lo que quiere decir que los mejores alimentos son los que más nos apetecen, lo que no significa que debamos limitarnos a los que sólo satisfacen nuestra glotonería. Es también esencial masticar bien los alimentos antes de que sean enviados al estómago, ya que una masticación insuficiente obliga a este órgano a trabajar más de lo normal, lo que a largo plazo, tiene efectos perjudicarles. Por todo ello, es necesario dedicar a la comida un tiempo razonable que facilite las diferentes fases del trabajo digestivo. Además, se debe adoptar una posición correcta al comer, el hecho de estar mal sentados, comprime el estómago y le obliga a funcionar en malas condiciones.

La lectura de un buen libro sobre dietética le permitirá comprobar que hay ciertas mezclas que debemos evitar al elegir los alimentos a ingerir en una misma comida. En efecto, algunas combinaciones provocan reacciones químicas que son nefastas para el cuerpo. Una de ellas, que es muy corriente y que debe ser evitada, es la de la leche y el café, pues juntos producen una reacción química que daña a las funciones digestivas y que carece de valor nutritivo. Hay muchas otras combinaciones alimenticias que son malas para la salud, por lo que le aconsejamos que perfeccione sus conocimientos sobre dietética. Por ejemplo, es desaconsejable leer mientras se come. Es necesario recordar que la digestión necesita una concentración de sangre en el aparato digestivo. Al ejercer una actividad cerebral durante la comida, el cerebro reclama esta misma sangre para satisfacer el esfuerzo mental exigido de él, recibiéndola de la que había sido destinada para satisfacer las necesidades del aparato digestivo, perjudicando de este modo, el trabajo de este último.

A todas las recomendaciones que acabamos de dar en relación con lo que se debe hacer o evitar en las comidas, hay que añadir otra que, debido a su importancia, no debe ser olvidada. Se trata de la influencia que ejercen los pensamientos en la digestión. La experiencia prueba que comer angustiados, en un estado de ansiedad, irritación o en cualquier otro estado negativo, tiene consecuencias nefastas para la digestión. No solamente no nos beneficiamos en absoluto de la comida ingerida, sino que estamos provocando problemas al aparato digestivo. Puede llegar a formarse una úlcera, o lo que es más grave, un cáncer. En este libro, volveremos a tratar de la importancia de los pensamientos en el ámbito de la salud.

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