miércoles, 21 de marzo de 2012

LA CONSCIENCIA CELULAR



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LA CONSCIENCIA CELULAR

Las células poseen una consciencia propia que les permite cumplir un trabajo específico. Por ejemplo, las células que forman el corazón sólo poseen inteligencia para la misión que deben desempeñar al servicio de la actividad cardíaca, cualquier otra función escapa de su competencia. Partiendo de este principio es fácil comprender que la unión armoniosa de todas las consciencias celulares que trabajan en el corazón forma la consciencia global de este órgano. Este mismo principio puede ser aplicado al resto de los órganos del cuerpo. Las células que componen los pulmones deben realizar una misión determinada en los procesos pulmonares y sólo poseen inteligencia para ello, y todas juntas, forman la consciencia global de los pulmones. Igualmente, existe una consciencia global del estómago, del hígado, del bazo, etc. Esta forma de consciencia, ya sea individual o global, no tiene nada que ver con la consciencia objetiva del cerebro. Se trata, como ya hemos dicho anteriormente, de una consciencia que tiene su origen en la esencia cósmica. Es a lo que llamamos "consciencia psíquica" de las células y de los órganos, lo que significa que la consciencia psíquica del hombre está formada por el conjunto de las consciencias psíquicas de cada una de sus células.

Lo que la ciencia médica denomina "cáncer" suele ser el resultado de dos tipos distintos de desarreglos celulares. Puede ocurrir que algunas células de un órgano comiencen a tomar consciencia de un trabajo específico que no es el suyo, oponiéndose a la consciencia global del órgano al que pertenecen y provocando una situación anárquica. El problema se hace más grave según se van reproduciendo estas células locas. Si no se hace nada para neutralizarlas, llegarían a ser tan numerosas que podrían provocar un desorden total en el órgano en que se encuentran.

También puede ocurrir que células de un órgano determinado sean transportadas por el flujo sanguíneo o debían realizar en el órgano anterior, continúan haciendo lo mismo en el nuevo, cuya actividad celular es completamente diferente. También así se produce una situación anárquica contra la que hay que luchar. Por ejemplo, si debido a cualquier tipo de anomalía llegan hasta el estómago y permanecen en él cierto número de células del hígado, continúan realizando en este órgano la misma misión que tenían en el hígado, oponiéndose a la consciencia global del estómago y creando una situación de discordancia celular que puede traducirse en un cáncer, primero localizado, y después extendido.

Los dos tipos de desarreglos celulares que acabamos de considerar sólo son las consecuencias de tres causas fundamentales. La primera corresponde a una violación repetida de las leyes naturales. Por ejemplo, una persona que fuma demasiado, bebe mucho alcohol, ingiere regularmente alimentos demasiado ricos o mal equilibrados, vive y trabaja en un lugar insalubre, corre el riesgo, a mayor o menor plazo, de contraer un cáncer en alguno de sus órganos. La segunda causa es de orden hereditario y se debe a una anomalía genética que es difícil de neutralizar. En cuanto a la tercera, que es mucho más frecuente de lo que se piensa, proviene de un desequilibrio psíquico del que el individuo no suele tener consciencia, y que suele ser el resultado de un choque psicológico, de stress, de una ansiedad persistente, y también, de una gran falta de espiritualidad.

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