miércoles, 21 de marzo de 2012

EL SISTEMA NERVIOSO CEREBRO ESPINAL


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EL SISTEMA NERVIOSO CEREBRO ESPINAL

En este capítulo vamos a limitar         nos al estudio general del sistema nervioso cerebro-espinal del hombre. Este sistema nervioso está relacionado principalmente con las funciones del cuerpo físico, corriendo a su cargo la ejecución de los actos voluntarios. En el plano anatómico y funcional, el sistema nervioso cerebro-espinal está compuesto por dos sistemas complementarios: el sistema nervioso central, que contiene el encéfalo (cerebro, cerebelo y bulbo raquídeo) y la médula espinal, y el sistema nervioso periférico, que está formado por doce pares de nervios craneales y por treinta y un pares de nervios raquídeos. Los nervios craneales parten del encéfalo y están relacionados con la cabeza y con las zonas próximas a ésta. En cuanto a los nervios raquídeos, parten de la médula espinal y se extienden por todo el cuerpo.

Como es natural, el cerebro es el centro de control del sistema nervioso cerebro espinal. Está situado en la cabeza, protegido de los golpes por el cráneo, y la mayor parte de los sabios afirman que este importante órgano es la sede de la consciencia y del pensamiento Por nuestra parte, consideramos que no es nada más que el transformador de ciertas vibraciones muy sutiles que, tras haber sido sometidas a los diversos mecanismos cerebrales, dan lugar a lo que denominamos "pensamientos conscientes". Para ser más exactos, debe saber que las enseñanzas rosacruces siempre han afirmado que el cerebro es la sede de las facultades manifestadas por la consciencia objetiva del hombre, pero en ningún caso dicen que sea el centro exclusivo de todas las fases de la consciencia humana. La mejor prueba de ello es que un ser humano puede continuar viviendo en estado más o menos vegetativo, como en ciertos tipos de coma, aunque se vea privado de las funciones cerebrales.

Todavía sabemos muy poco sobre el exacto funcionamiento del cerebro. Sabemos que se compone de dos hemisferios y que el hemisferio derecho dirige las funciones voluntarias del lado izquierdo del cuerpo, mientras que el hemisferio izquierdo dirige las del lado derecho. El cerebro está formado por zonas de actividades específicas. Existe una zona cerebral motriz, una zona psicomotriz, una zona dedicada a la sensibilidad general, una zona de actividad puramente mental, zonas especificas para la memoria, el lenguaje, la escritura, la visión, el gusto, la audición, el olfato, etc. Cuando cualquiera de estas zonas ha sido dañada por algún tipo de traumatismo, se producen trastornos en las actividades relacionadas con ellas. Un golpe violento en la cabeza puede ser causa de parálisis parcial o total, de ceguera o sordera parcial o total, de pérdida de memoria, etc.

Se sabe también que las células que forman el cerebro no son capaces de reproducirse, por lo que tenemos las mismas desde el momento del nacimiento al de la muerte. Esto significa que cualquier lesión o su destrucción, es irreversible. Además, las células cerebrales son las que necesitan mayor cantidad de oxígeno, por eso es tan importante respirar aire lo más puro posible y hacerlo correctamente. Hay una zona del cerebro de la que la ciencia apenas sabe nada: el hipotálamo. Como veremos más adelante, esta zona es el centro de control del sistema nervioso autónomo y está directamente relacionado con las glándulas pituitaria y pineal, que a su vez están en conexión simpática con todos los otros centros psíquicos del cuerpo.

También la médula espinal forma parte del sistema nervioso cerebro espinal. Partiendo del encéfalo, se presenta bajo la forma de un cordón nervioso que pasa por el centro de cada vértebra. Su longitud varía de cuarenta a cincuenta centímetros, y su capacidad protectora contra golpes o traumatismos está asegurada por el líquido céfalo raquídeo. De sus lados parten los treinta y un pares de nervios raquídeos de los que ya hemos hablado anteriormente. Se prolongan por todo el cuerpo y a veces se unen para formar plexos nerviosos entre sí o sobre ciertos órganos. Todos estos nervios constan de dos raíces o fibras, una sensitiva y otra motriz. Las fibras motrices conducen los impulsos nerviosos del cerebro hacia los músculos del cuerpo transmitiéndoles la energía motriz necesaria para sus movimientos de contracción y de distensión. Por el contrario, las fibras sensitivas llevan hacia el cerebro la energía sensitiva transmitida por los órganos de los sentidos (ojos, oídos, nariz, lengua y piel), permitiéndole tomar consciencia de que el acto deseado ha sido realizado. A la fibra motriz de los nervios raquídeos se la denomina también "nervio eferente" , para traducir la idea de que su misión es transmitir el influjo nervioso del cerebro hacia los músculos del cuerpo. En cuanto a la fibra sensitiva, es también denominada "nervio aferente", para demostrar que transmite hacia el cerebro el influjo nervioso recibido de los órganos de los sentidos. Hay que poner de relieve que los nervios craneales no son todos a la vez motores y sensitivos. Algunos sólo poseen una de las dos fibras. Por ejemplo, el nervio del olfato sólo es sensitivo puesto que únicamente sirve para transmitir al cerebro las sensaciones olfativas. El nervio del ojo es únicamente motriz, puesto que solo permite los movimientos de rotación del ojo.
¿Para qué sirven la médula espinal y los nervios raquídeos? Como acabamos de explicar, su función es transmitir a los músculos el impulso motriz necesario para el cumplimiento de los actos decididos por el cerebro y retransmitir desde los órganos de los sentidos el impulso sensitivo que permite al cerebro conocer que estos actos han sido ejecutados correctamente. Vamos a poner un ejemplo. Si queremos beber un vaso de agua, el cerebro envía esta orden bajo forma de impulsos nerviosos. Estos impulsos se propagan a lo largo de la médula espinal, siguen la raíz motriz de varios nervios raquídeos, y finalizan en los músculos asociados a ellos, los incitan a hacer los movimientos requeridos para tomar el vaso, llevarlo a la boca y beber el agua que contiene. Al realizarse las diferentes fases de este acto, parten de los órganos sensoriales otros impulsos. En este caso concreto, de los ojos, de la piel, de la boca, que por medio de la raíz de varios nervios raquídeos, suben hasta el cerebro por la médula espinal y le confirman que han tenido lugar todas estas fases y que el acto se ha realizado correctamente.

Lo que la ciencia designa con el nombre de "acto reflejo" es un intercambio muy rápido entre las fibras sensitivas y las fibras motrices, pero sin la intervención del cerebro, excepto en los casos de reflejos condicionados . Es fácil comprender que si la inteligencia cerebral no interviene en los actos reflejos ordinarios, es porque estos exigen una extrema rapidez que no permite el menor razonamiento. Por ejemplo, si pasamos la mano por una cosa muy caliente, se produce un acto reflejo que hace que la retiremos inmediatamente sin haber tenido tiempo de reflexionar sobre ello. En este caso, la excitación que sentimos bajo forma de dolor es captada por las células sensitivas de la piel, transmitida a la médula espinal quien, sin pasar por el cerebro, la retransmite a su vez a las células motrices que provocan la retirada inmediata de la mano. 
Todo esto se realiza en una fracción de segundo.

Lo que acabamos de explicarle sobre el sistema nervioso espinal demuestra que es absolutamente necesario para el correcto funcionamiento y protección del cuerpo físico. Sin él, no existiría ninguna actividad motriz voluntaria y tampoco sensaciones, ni el conocimiento de que se haya cumplido una actividad, ni se sentiría dolor en caso de quemaduras, picaduras, pinchazos, heridas, etc. También podemos comprobar que este sistema, aunque esté constituido por tres partes distintas (encéfalo, médula espinal y nervios) forma un todo unido. Si una de las partes se ha visto afectada, se producen ciertos desarreglos funcionales. Por ejemplo, cuando el cerebro está dañado, no puede ordenar algunos de los actos voluntarios, que por tanto, no pueden ser realizados. Cuando es la médula espinal la que está dañada, la orden decidida por el cerebro no puede ser transmitida y tampoco ejecutada. Cuando son los nervios raquídeos los que han sido afectados, no puede tener lugar la ejecución final del acto o no puede transmitirse al cerebro el hecho de que se ha ejecutado.

Cuando duele alguna una parte del cuerpo, las terapéuticas normales se contentan con aliviar la sensación de sufrimiento reduciendo la actividad de las fibras sensitivas que la unen al cerebro. Pero está claro que esta manera de obrar sólo sirve para actuar temporalmente sobre el efecto al que denominados "dolor", y no sobre la causa que lo ha producido. En este mismo orden de ideas, si se estimula alguna parte del cuerpo por medio de la absorción de medicamentos que excitan algunas zonas cerebrales o ciertas fibras motrices, sólo se da lugar a un sentimiento ilusorio de vitalidad. A la luz de lo que acabamos de estudiar es fácil comprender que estos tratamientos sólo actúan sobre el sistema nervioso cerebro-espinal del hombre. Puesto que este sistema sólo concierne al cuerpo físico, los resultados no pueden ser válidos a largo plazo. Como hemos dicho en numerosas ocasiones, la causa de la mayoría de las enfermedades hay que buscarla en el cuerpo psíquico. Donde hay que actuar cuando se producen trastornos, es a nivel del sistema nervioso autónomo, ya que es quien está en relación directa con la parte psíquica del ser. 



Esperamos que este capítulo, al igual que los anteriores, haya contribuido a aumentar su admiración hacia esa máquina maravillosa que es el cuerpo humano. Es sin ninguna duda la creación más perfecta que Dios ha realizado sobre la Tierra para permitir que el alma humana evolucione en su propia toma de consciencia. En el próximo capítulo comenzaremos el estudio del sistema nervioso autónomo del que la ciencia sabe aún muy poca cosa, pero del que los rosacruces poseen desde hace mucho tiempo un gran conocimiento.

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