miércoles, 21 de marzo de 2012

EL HOMBRE Y SU EVOLUCIÓN



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EL HOMBRE Y SU EVOLUCIÓN

Desde el punto de vista científico, debemos recordar que el hombre, independientemente de las doctrinas religiosas o filosóficas, es el resultado de cierto proceso de evolución. Eso no quiere decir necesariamente que haya evolucionado a partir de una especie animal concreta, o si lo prefiere, que sea el resultado de la evolución de una especie inferior. En otros libros ya le hemos explicado que existen varias teorías sobre la aparición de la especie humana. Sin entrar en polémica sobre estas teorías, debemos admitir sin embargo que el hombre, primitivo era una criatura muy diferente del hombre moderno y que no hay razón alguna que nos impulse a creer que nuestro estado actual es el punto culminante que puede alcanzar el género humano.

De acuerdo con una necesidad cósmica, estamos siempre en vías de desarrollo físico y de evolución anímica. Por esta causa, los hábitos que adquirimos en la vida y las reglas de pensamiento que adoptamos, hacen de nosotros lo que somos y lo que llegaremos a ser. Son muchos los factores que intervienen en este desarrollo y evolución. En primer lugar, el hombre ha estado siempre influenciado por su entorno, aunque también es cierto que cada vez ejerce influencia sobre él. En segundo lugar, el poder del  pensamiento tiene un efecto constante en su porvenir, puesto que posee facultades que le diferencian notablemente de los animales inferiores, ante todo, la que le permite ser consciente de si mismo. En realidad, es su capacidad de pensar y de razonar la que le ha permitido dominar cada vez mejor su entorno y donde reside el origen de la transformación que se ha producido en su cuerpo y en su alma.

El entorno en el que vivía el hombre primitivo no deja ninguna duda sobre el hecho de que las primeras etapas de su existencia debieron ser muy difíciles en el plano físico, puesto que su cuerpo debía enfrentarse cada día con las dificultades del medio ambiente en el que se encontraba, para de esta manera, pasar por las experiencias que necesitaba para la evolución de su Ser externo. Por pura necesidad, la morfología general del hombre se ha estado transformando constantemente en el curso de los siglos. La primera gran revolución que marcó a su cuerpo físico y, por consiguiente, a su psicología, fue el paso definitivo a la posición "de hombre erecto" debido a los profundos cambios experimentados por su esqueleto. Otra transformación revolucionaria en la evolución corporal del hombre fue su capacidad para oponer el pulgar de cada mano al resto de los dedos, lo que iba a permitirle adquirir gran precisión para agarrar las cosas y también en su manera de utilizarlas. Podríamos citar cientos de ejemplos que demuestran la transformación física del hombre hasta llegar finalmente a lo que es hoy. Consultando una enciclopedia, podrá comprobar hasta qué punto la naturaleza tiende siempre a establecer una estrecha armonía entre los seres vivos y el entorno en el que evolucionan. Dicho de otro modo, el soporte físico utilizado por la vida para manifestarse en una criatura, está siempre en perfecta consonancia con el grado de consciencia que esta criatura es capaz de aplicar para dominar su entorno.

No estudiaremos detalladamente la evolución física del hombre, ya que este tipo de estudio no presenta mayor interés en el marco de este libro. Nuestro fin, a través de estas pocas líneas, es tan sólo demostrarle que el hombre, tal como decía Empédocles, originariamente no era una criatura con ese cuerpo, sino que es el fruto de una larga evolución. En realidad, y tal como hemos sugerido anteriormente, todo ser vivo evoluciona en su aspecto físico para convertirse en un perfeccionado soporte al servicio de la forma de consciencia que se encarna en él. Por lo que al hombre se refiere, está claro que su estructura exterior es de naturaleza material y que cambia constantemente debido a su metabolismo y a su adaptación al entorno. Pero en su interior, integrando su cuerpo físico, reside un cuerpo psíquico invisible y etéreo. Este cuerpo psíquico, que muchos científicos niegan porque no lo han podido definir, es una emanación del cuerpo espiritual, es decir, del alma. Es, por tanto, tan real y esencial para la existencia como lo es la envoltura carnal. Es importante comprender que el ser humano es dual desde todos los puntos de vista, pues sólo podemos mejorar nuestra existencia, mantenernos con buena salud y encontrar la felicidad siendo conscientes de esta dualidad. A lo largo de este libro, le demostraremos que el desequilibrio del cuerpo psíquico es una causa tan importante de sufrimiento como las agresiones externas a las que está expuesto el cuerpo físico.

Para su trabajo de curación, los Rosacruces siempre han tenido en cuenta tanto las leyes terrenales como las leyes cósmicas, pues sabían perfectamente, que la salud sólo puede mantenerse respetando las necesidades fisiológicas y psíquicas del ser. En la célebre máxima "mente sana en cuerpo sano" queda perfectamente reflejada la importancia del vínculo que existe entre la individualidad física del hombre y su entidad espiritual. Desgraciadamente, la mayoría de las veces nos limitamos a citar esta máxima en lugar de a aplicarla como se debiera. Ahora bien, aunque es cierto que todos necesitamos una alimentación adecuada, agua pura, aire y sol, también es indispensable para nosotros cultivar pensamientos y emociones positivas. Se olvida y descuida con demasiada frecuencia la influencia que ejercen en el cuerpo el estado mental y el estado emocional. Y sin embargo, es precisamente en el aspecto negativo de esta influencia donde tienen su verdadero origen la mayor parte de las enfermedades.

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