miércoles, 21 de marzo de 2012

EL CORAZÓN


EL CORAZÓN

No se puede hablar de la circulación de la sangre sin detenernos brevemente en el órgano que hace que ésta sea posible. Este órgano, junto con los pulmones, es sin duda donde mejor se manifiesta la presencia de un ritmo natural en el cuerpo. Lo que no quiere decir que el resto de las funciones no se lleven a cabo dentro de su propia armonía rítmica, sino al contrario. De hecho, todos los órganos accionan y reaccionan siguiendo un ritmo individual que está en perfecta resonancia con el conjunto del ritmo corporal.
Es importante precisar que la mayor parte de trastornos y enfermedades que sufrimos tienen su origen en el hecho de que la actividad rítmica de alguno de estos órganos no es la que debería ser, perturbando de esta manera el ritmo general del cuerpo. Sin embargo, el ritmo de los órganos no está bajo el control de la voluntad. Dicho de otra forma, no depende del cerebro ni del sistema nervioso cerebro-espinal. Lo que quiere decir que cuando se rompe la armonía en la actividad rítmica de uno o varios órganos, la causa de esta discordancia suele ser muy a menudo de origen psíquico, debiendo ser neutralizada por el sistema nervioso autónomo, quien, repetimos una vez más, dirige y controla las actividades involuntarias del cuerpo.

El corazón manifiesta un ritmo muy preciso, que por razones evidentes, es uno de los más marcados y de los más fácilmente perceptibles. Este órgano, como bien sabe, está situado en el centro de la cavidad torácica, entre los dos pulmones. No sería erróneo decir que está compuesto de dos órganos soldados entre sí, el corazón derecho y corazón izquierdo, ambos divididos en dos cavidades: una superior, de pared delgada, a la que denominamos "aurícula", y una inferior de gruesa pared, que recibe el nombre de "ventrículo". Como hemos explicado anteriormente, el lado derecho del corazón recibe la sangre cargada de gas carbónico y rica en sustancias nutritivas, reenviándola a los pulmones. En cuanto al lado izquierdo, recibe de los  pulmones una sangre cargada de sustancias nutritivas, purificada del gas carbónico, rica en oxígeno y en esencia cósmica, y la envía hacia todas las partes del cuerpo.

Sin querer entrar en consideraciones demasiado técnicas, debe recordar que el corazón, en su conjunto, está formado de tres partes distintas: el pericardio, el miocardio y el endocardio. Diremos simplemente que el miocardio es el músculo cardíaco, y que el pericardio y el endocardio son respectivamente las membranas exterior e interior. Para que pueda tener una breve apreciación del prodigioso trabajo que realiza el corazón, basta con decir que late a un ritmo medio de 75 contracciones por minuto y que bombea más de 8000 litros de sangre por día para enviarla a la red vascular del cuerpo que mide más de 100,000 Km. Es evidente que una actividad muscular tan intensa fatiga al músculo cardíaco y ésta es la causa de que las enfermedades del corazón sean motivo de tantas muertes, siendo la más corriente el infarto de miocardio. Esta enfermedad, que también es denominada "crisis cardíaca", es provocada por un espesamiento de las arterias coronarias, lo que impide que la sangre circule normalmente en el miocardio. En consecuencia, dejan de ser irrigadas ciertas partes de éste, produciéndose una alteración llamada "infarto". Si no es mortal, quien lo ha sufrido debe someterse al tratamiento médico apropiado para que pueda cicatrizar la lesión del miocardio. También es importante que adopte un modo y un ritmo de vida apropiado a las funciones disminuidas de su corazón.

¿Qué debemos hacer para cuidar las actividades del corazón?. En primer lugar, se debe evitar tomar sustancias tóxicas, ya que para eliminarlas del cuerpo, el corazón debe acelerar el ritmo habitual de la corriente sanguínea. Entre estas sustancias se encuentran el tabaco, el alcohol y las bebidas excitantes, tales como el café. En segundo lugar, debemos descansar tanto físicamente como mentalmente, pues la sobrecarga, el stress, la ansiedad y todas las formas de angustia, favorecen las enfermedades cardíacas. Como veremos en una futura obra, los místicos siempre han considerado que el pericardio, es decir la pared exterior del corazón, es mucho más que una simple envoltura de naturaleza puramente química. De hecho, constituye uno de los siete principales centros psíquicos del cuerpo humano. Por eso, no debe causar extrañeza que los estados mentales de stress, ansiedad y angustia provoquen problemas cardíacos, ya que afectan negativamente a la parte psíquica del corazón y este efecto repercute necesariamente sobre su actividad física.


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