martes, 20 de marzo de 2012

EJERCICIO PREPARATORIO N° 2



EJERCICIO PREPARATORIO N° 2

Para realizar este ejercicio deberá ponerse de pie, delante de una ventana abierta o al tire las piernas y los brazos separados, los pies bien planos en el suelo y las palmas de las manos dirigidas hacia lo alto. Mientras permanece en esta posición durante aproximadamente cinco minutos, debe proceder a realizar una serie de respiraciones profundas positivas, que vamos a recordarle, se hacen inspirando profundamente por la nariz, reteniendo la respiración el mayor tiempo posible sin experimentar molestias, y espirando lentamente por la nariz.

Una vez efectuado el ejercicio apropiado, puede acercarse al paciente a fin de darle el tratamiento correspondiente, pero antes vamos a indicar lo que éste debe hacer. Debe pedirle que se siente en una silla o en un taburete, con la columna vertebral bien recta, los pies separados y bien apoyados en el suelo, y con las palmas de las manos sobre las rodillas. No es necesario que se descalce ni que se desvista. Como ya hemos explicado anteriormente, la terapia rosacruz se aplica especialmente sobre el primer ganglio cervical, el tercer ganglio cervical o primer ganglio torácico, el décimo y undécimo ganglios torácicos, y el segundo, el tercero y el cuarto ganglios lumbares. Es evidente que no es necesario que el paciente se desvista para dar un tratamiento sobre los ganglios cervicales. En cuanto a los tratamientos aplicados sobre los ganglios torácicos y lumbares antes citados, también pueden efectuarse a través de la ropa, siempre y cuando no se trate de un abrigo o de una chaqueta gruesa, en cuyo caso, puede pedir al paciente que se lo quite.
Mientras el paciente permanece en esta posición, y tal como le hemos sugerido en un capítulo anterior, puede decirle que va a darle un tratamiento que está basado en la estimulación del cuerpo por medio de la energía natural que poseen todos los seres humanos.

La experiencia prueba que la gente admira a las personas que demuestran poseer cierta cultura otorgándoles más fácilmente su confianza. Por esta razón, cuando vaya a tratar a una persona, pensamos que puede ser conveniente que le explique, con palabras sencillas, en qué consiste el tratamiento que le está siendo aplicado. Por ejemplo, puede decirle que la medicina convencional cura actuando sobre el sistema nervioso cerebro-espinal, mientras que la terapia que va usted a aplicar actúa sobre el sistema nervioso autónomo. También puede explicarle que éste consta de dos cadenas ortosimpáticas situadas a ambos lados de la columna vertebral que están compuestas de ganglios que están en relación directa con todos los órganos del cuerpo. Dependiendo del interés que demuestre ante estas explicaciones, puede continuar diciendo que va a proceder a estimular con energía negativa o positiva el ganglio ortosimpático que está relacionado con la parte del cuerpo que le hace sufrir, a fin de restablecer el oportuno equilibrio energético. Estas explicaciones darán confianza al paciente permitiéndole comprobar que usted dominará perfectamente la técnica y que ésta está basada en un buen conocimiento de la anatomía humana, no teniendo nada que ver con prácticas más o menos oscurantistas como las que realizan ciertos sanadores que, realmente, no lo son.

Usted es quien debe determinar qué es lo que debe decir o no a fin de que su paciente adquiera confianza. Lo realmente importante es que comprenda que lo que va a hacerle no tiene ninguna relación con procedimientos mágicos u ocultos, sino que se trata de una terapia que está en total acuerdo con las leyes fisiológicas que actúan en el cuerpo humano. De hecho, al igual que usted debe prepararse para dar un tratamiento, también es importante que, tamo en el plano físico como en el sicológico, su paciente esté bien dispuesto para recibirlo. Aquí es justamente donde interviene la eficacia de usted para inducir a su paciente a que se someta a usted con la convicción absoluta de que va a aplicarle unos principios curativos que ya fueron utilizados por eminentes médicos del pasado, pero que permanecen ignorados por la medicina general. Por ejemplo, puede mencionar los nombres de Hipócrates, de Paracelso, de Alexis Carrel y de muchos más. Al hablarle, elija las palabras más sencillas, prestando atención a que sus explicaciones no den la impresión de que quiere alardear de sus conocimientos. Esta actitud iría contra los objetivos buscados, ya que el paciente, en lugar de abrirse ante usted con la certeza de que está aprendiendo algo, se cerraría ante sus palabras creyendo que sólo desea darse importancia. Debe, por tanto, aprender a sopesar sus argumentos y estudiar con todo discernimiento la forma de presentarlos.

Si sabe lo que debe decir al paciente, emprenderá el tratamiento en las mejores condiciones, ya que sus explicaciones actuarán sobre su consciencia como sugestiones positivas. Esto no quiere decir que la terapia rosacruz esté basada únicamente en la confianza del enfermo hacia el curador. Lo que significa, simplemente, es que toda curación depende de factores tanto sicológicos como fisiológicos. Después de haber establecido una relación de confianza entre usted y la persona que va a tratar, colóquese detrás de ella. Si su estado general lo permite, puede pedirle que, a su propio ritmo, mientras dura el tratamiento, realice el mismo tipo de respiraciones profundas que está usted realizando. También puede explicarle someramente por qué se efectúan este tipo de respiraciones y cual es su efecto en el plano energético.

Una vez definida la naturaleza del tratamiento a efectuar, coloque los dedos pulgar, índice y medio de la mano correspondiente en el ganglio apropiado. No se preocupe demasiado por el lugar exacto de los dedos sobre el ganglio, ya que si aplica lo que le hemos dicho a propósito de su emplazamiento, entrará en relación con él. 
Además, debe tener en cuenta que existe un vínculo simpático que hace que todo estímulo efectuado sobre uno de ellos, repercuta sobre los que se encuentran cerca. Antes de comenzar el tratamiento, diga mentalmente la siguiente invocación: "Que la sublime esencia cósmica penetre en mi ser y me purifique de toda impureza de mente y cuerpo, a fin de poder ser un canal del que se sirvan las fuerzas universales para aliviar y curar. ¡Qué así sea! ". Esta invocación tiene como objetivo principal armonizarle con Dios y hacer que entre en el estado interior requerido. Debe recitarla mentalmente y de memoria, ya que el paciente no tiene por qué conocerla. Además, si queda limitada al ámbito del pensamiento, es más fácil concentrarse en su sentido e importancia.    
 
Después de haber dicho mentalmente la invocación, proceda a realizar el tratamiento adecuado. Mientras lo hace, no debe contentarse con poner los dedos en los ganglios correspondientes y con llevar a cabo las respiraciones requeridas. Debe, además, visualizar la energía curativa que, desde Dios, desciende sobre usted, le atraviesa e irradia a través de sus dedos. Para ello, imagine esta energía bajo la forma de un flujo luminoso que penetra en usted por la parte superior de la cabeza, se desliza a lo largo de su brazo, penetra en su mano, atraviesa sus dedos pulgar, índice y medio, y finalmente, pasa al cuerpo del paciente a través del ganglio sobre el que está aplicando el tratamiento. A partir de ese momento, continúe su visualización y vea como esta misma energía se propaga a lo largo de la cadena ortosimpática del paciente, como alcanza el órgano o la parte del cuerpo enferma, envolviéndolo totalmente con una luz regeneradora y curativa. Al aplicar el tratamiento al visualizar la energía curativa que está transmitiendo, haga un llamamiento a los Maestros Cósmicos que, como bien sabe, estarán a su lado para ayudarle siempre que su deseo sea sincero y su corazón permanezca puro.

Cuando termine el tratamiento, y justo antes de retirar los dedos, diga mentalmente la siguiente invocación: "La ley cósmica se ha cumplido para la curación de este Hermano. ¡Amén!" Esta invocación de clausura marca el momento a partir del cual, e independientemente de usted, empieza a cumplirse la ley cósmica que mejorará al paciente. Al igual que la de apertura, debe ser pronunciada mentalmente y de memoria. A continuación, puede pedir al paciente que se levante. Para reforzar la eficacia del tratamiento, puede repetirlo después de una pausa de aproximadamente media hora. Puede aprovechar esta pausa para magnetizar un vaso de agua que le dará a beber.

En el próximo capítulo estudiaremos algunos tratamientos particulares y le indicaremos como debe proceder en ellos. Eso nos permitirá hacer una síntesis de todo lo que le hemos explicado hasta el presente sobre la manera de aplicar la terapia rosacruz.

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