miércoles, 21 de marzo de 2012

CAPÍTULO VI



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CAPÍTULO VI

Después de haber examinado la digestión y la respiración, hoy vamos a dedicarnos al estudio de la circulación sanguínea. Al igual que en los capítulos anteriores, evitaremos utilizar términos complejos que dificultarían la comprensión de las importantes funciones que estamos estudiando. Lo más importante de estas enseñanzas, es exponer de la manera más simple los procesos fisiológicos que están siendo tratados.

Como ha debido notar al estudiar los dos últimos capítulos, existe un factor común entre la digestión y la respiración. Ese factor común es la sangre, ya que es ella quien aporta a las células del cuerpo las sustancias nutritivas y la cantidad de oxígeno y de esencia cósmica necesaria tanto para su vitalidad física como psíquica. Dado que los líquidos y el alimento que tomamos contienen la polaridad negativa o elemento B de la Fuerza Vital, y puesto que el oxígeno y la esencia cósmica contenidos en el aire forman la polaridad positiva o elemento A, ahora vamos a contemplar la forma en que esta doble polaridad de la Fuerza Vitales distribuida a todo el organismo a través de la corriente sanguínea. Sin embargo, en un libro anterior, ha aprendido que la Fuerza Vital era la fase positiva del Nous, cuya fase negativa es el Espíritu. Lo que quiere decir que la fase positiva de esta energía emanada del Éter llega a todo nuestro ser a través de la sangre. En cuanto al Espíritu, fase negativa del Nous, impregna los átomos y las moléculas que entran en la composición puramente material del cuerpo, dando a éste una cohesión sin la cual se desintegraría.
Volvamos ahora a la misión de la sangre y a su composición. En primer lugar, es necesario que sepa que la anatomía del sistema circulatorio tal como se explica en nuestros días, ya era conocida por los egipcios de la antigüedad. El papiro que Edwin Smith descubrió en el siglo XIX, y que lleva su nombre, fue redactado hacia el año 1700 antes de Jesucristo. Es el documento más antiguo que existe sobre el sistema circulatorio y nos revela que sus autores conocían perfectamente la relación del corazón con los vasos sanguíneos unos tres mil quinientos años antes que el célebre William Harvey, ocultista y discípulo de Francis Bacon, publicara su histórica teoría sobre el sistema circulatorio, probando que la sangre circula por todo el cuerpo. El conocimiento de los egipcios sobre la cirugía del cuerpo físico era prodigioso, pero sólo era la contrapartida del inmenso saber adquirido en el terreno de la curación metafísica. Ahora que se ha familiarizado con las funciones más importantes del organismo humano, vamos a tener el honor de poner a su alcance ese saber.

En general, se podría decir que la circulación de la sangre asegura en el organismo todo tipo de intercambios. En primer lugar, transporta a los tejidos el oxígeno y la esencia cósmica que ha recogido en los pulmones. En segundo lugar, lleva hasta los pulmones el gas carbónico recogido en los tejidos para que sea eliminado al espirar el aire. Esta doble función ha sido tratada en el capítulo anterior. Sin embargo, la misión de la sangre no termina aquí, también conduce el producto de la digestión intestinal hacia el hígado y más tarde, a los tejidos, y transporta hasta los riñones productos de deshecho tales como la urea, para que allí sean filtrados y eliminados por la orina. También transporta las hormonas desde las glándulas que las segregan hasta los órganos receptores. El reparto uniforme del calor por el cuerpo humano también se debe a una propiedad propia de la corriente sanguínea. Por otra parte, el hecho de que la sangre pueda coagularse espontáneamente fuera de los vasos, sirve para detener las pequeñas hemorragias y contribuye a la cicatrización de las heridas. Para finalizar, concluiremos este rápido repaso de las propiedades de la sangre insistiendo en el papel esencial que juega en la lucha del organismo contra las infecciones por bacterias o por cualquier otro agente capaz de provocar la enfermedad. Entre los métodos que vamos a enseñarle en esta obra y que le permitirán aliviar los estados patológicos del cuerpo, algunos estarán relacionados con principios místicos que permiten purificar, regenerar y revitalizar el flujo sanguíneo.

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