miércoles, 21 de marzo de 2012

CAPÍTULO V



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CAPÍTULO V

Después de haber dedicado el capítulo anterior al estudio de la digestión, en este vamos a hablar de la respiración, ya que esta función vital es sumamente importante, puesto que no afecta únicamente a la actividad física del ser, sino que también ejerce una gran influencia sobre su aspecto psíquico.

Desde el punto de vista puramente biológico, la misión de la respiración consiste en llevar el oxígeno a todos los órganos y expulsar el gas carbónico que producen sus actividades. Sin embargo, como ya hemos explicado en un libro anterior, tiene también la finalidad de introducir en el cuerpo la esencia cósmica sin la cual el hombre no podría vivir. En efecto, esta esencia cósmica, a la que los hindúes llaman "prana", es tan necesaria al cuerpo psíquico como el oxígeno lo es al cuerpo físico. Estos dos componentes del aire constituyen el elemento A de la Fuerza Vital, o dicho de otra forma, su polaridad positiva, de lo que se deduce que la finalidad de la respiración es procurar este elemento o polaridad a todas las células del ser.

La mayoría de los científicos no quieren reconocer que existe una esencia cósmica que anima a todas las criaturas vivas y rehúsan admitir la existencia de algo que escapa a su control y  comprensión. Como no encuentran la manera de medir la emanación de, esta esencia, creen pura y simplemente que sólo por ignorancia, los místicos afirman que dicha esencia ha existido siempre, existe ahora y siempre existirá. Si así fuera, habría que pensar que personalidades como Thales, Pitágoras, Plotino, Djabir, Nicolás Flamel, Cornelio Agripa, Paracelso, Francis Bacon, William Harvey, Descartes, Benjamín Franklin, John Dalton, Alexis Carrel, Einstein y todos los genios que han marcado la filosofía y la ciencia en los siglos pasados, son unos ignorantes. Estos sabios que niegan la existencia de toda dimensión espiritual son incapaces de explicar el proceso de la consciencia. Ninguno de ellos ha conseguido demostrar como pueden surgir de la masa del cerebro facultades tales como la memoria, la imaginación o la reflexión. Nunca han podido hacer una disección de un pensamiento, determinar donde comienza y donde termina, ni definir qué es como fenómeno vibratorio. Sin embargo, todos están de acuerdo en afirmar que el pensamiento existe realmente, ya que en cada segundo de su vida están experimentándolos. Lo mismo opinan los rosacruces cuando hablan de espiritualidad. Aunque no puedan demostrar la esencia que impregna cada célula del cuerpo humano, afirman que ésta existe, y que con la ayuda de ciertos métodos, se puede experimentar conscientemente. Además conocen perfectamente su naturaleza y origen y es precisamente este conocimiento el que da a su técnica de curación un valor y una eficacia muy especial.
La medicina oficial considera que el oxígeno del aire aporta al hombre la vitalidad que llega a él a través de la respiración. Este punto de vista es incompleto, por no decir erróneo, ya que sólo se refiere al funcionamiento físico del ser humano sin tener en cuenta sus funciones psíquicas. Sin embargo, tal como hemos recordado muchas veces, el hombre es algo más que una masa de materia que se mantiene con vida gracias a los líquidos, a la alimentación que ingiere y al oxígeno que respira. Sin la esencia cósmica que recibe cada vez que inspira, no podría vivir. La mejor prueba es que cuando alguien se encuentra a punto de pasar por la transición, por mucho oxígeno que se le aporte mecánicamente, no se evita que muera. Lo que necesita en ese momento es la esencia cósmica contenida en el aire y no el oxígeno. Los rosacruces saben desde hace siglos que esta esencia, que emana del sol y que impregna toda la atmósfera, constituye de por sí la fuente de la vida. Por ello, vamos a dedicar nuestra atención en los siguientes capítulos, y especialmente cuando hablemos de la terapia rosacruz, a las consecuencias que tiene en las funciones psíquicas del hombre.

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