miércoles, 21 de marzo de 2012

ANEXO (concentración )



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ANEXO

Le proponemos un ejercicio simple para que practique estas enseñanzas. Coloque un bol de agua delante de usted, al alcance de la mano.

- Este experimento debe ser efectuado con una iluminación tenue, puede utilizar velas.

- Con el bol de agua delante de usted, coloque las manos a su alrededor, aproximadamente a un centímetro del borde sin tocarlo.

- Con las manos así colocadas durante unos tres minutos efectúe respiraciones profundas positivas. Dicho de otro modo, inspire profundamente por la nariz, mantenga la inspiración unos instantes, expire lentamente por la nariz, inspire de nuevo profundamente, etc.

- Procediendo con estas respiraciones profundas positivas, cierre los ojos y concéntrese en sus manos. Después proceda como hizo en el experimento que consistía en despertar la consciencia psíquica de su ser. En otros términos, a lo largo de la concentración esfuércese en sentir la vida que anima las células de sus huesos, de sus músculos y de sus tejidos.

- Después de unos tres minutos de concentración y de respiraciones profundas positivas, debería sentir un ligero hormigueo en las manos. Abra los ojos y observe atentamente, pero sin crispación, la zona comprendida entre sus manos y el bol de agua.

Si la concentración ha sido buena y el aura es suficientemente poderosa, percibirá en esa zona una especie de radiación. Observe el color y anótelo en su cuaderno de estudios, precisando bien la fecha en la que ha efectuado el experimento. Durante los próximos días, hágalo de nuevo y tome nota del color que perciba. A medida que transcurran las tentativas, resaltará un color que, como ya habrá comprendido, es el que predomina en su aura en este momento de evolución o, al menos, en esos precisos instantes. Aunque es posible que perciba una radiación sin que discierna ninguna tonalidad especial, no deduzca por ello que su experimento ha sido un fracaso. Con la práctica regular acabará percibiendo un color dominante.
Para comprender lo que, en este experimento, hace posible la percepción del aura, es preciso que recordar que esta está ligada, entre otras cosas, a la energía del alma. Luego la consciencia psíquica de nuestro ser es una emanación, un atributo de esta energía. De hecho, la radiación de nuestra aura depende también de esta forma de consciencia. Al concentramos en las manos y efectuar respiraciones profundas positivas, despertamos la actividad psíquica de esa parte del cuerpo y, por la misma causa, amplificamos el campo vibratorio que lo rodea. Por otra parte, como estudiaremos más adelante, el agua posee virtudes alquímicas que los místicos han utilizado siempre en sus experimentos. Entre estas virtudes, el agua posee el poder de atraer y de hacer más tangibles las vibraciones psíquicas y espirituales. A este respecto, el efecto que produce sobre el aura de nuestras manos durante este experimento, tiene cierta analogía con la que se produce cuando vemos el arco iris, donde la luz solar se descompone a causa de las gotas de lluvia. La utilización del agua contribuye pues a condensar la radiación electromagnética que rodea nuestras manos, permitiéndonos así percibirla sin demasiada dificultad.

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